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Bienvenida

Quiero darte la bienvenida a “Escritos de Niña Luna” , un blog de reflexiones personales. Estos escritos forman parte de un proceso de autodescubrimiento que he decidido compartir. Los mismos recuperan recuerdos, pensamientos, notas de clases, vivencias e intercambios surgidos de alguna que otra charla con esos otros que también se toman el tiempo de mirar, pensar y reflexionar sobre temas de la existencia humana.

Esos otros, son al menos siete personas que me motivaron a aventurarme en este blog. En primer lugar, mi compañero en la vida. En segundo lugar, un hermano menor y un Maestro que tomé prestado, a quienes aprecio muchísimo… En tercer lugar, un Maestro y una Maestra… que me enseñaron en el pasado, y me siguen enseñando. En cuarto lugar, a MarOmi, la talentosa mujer, luchadora de la vida, a quien he tenido el gusto de conocer hace poco y acompaña este blog con su arte y sus mensajes. La portada es de su autoría y se lo agradezco mucho.

Por último, y la más importante… mi hija.

El por qué del nombre “Niña Luna” se va develando para mí misma en cada escrito.

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ÍTACA

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguardar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

C. P. Cavafis. Antología poética.
Alianza Editorial, Madrid 1999.

Edición y traducción, Pedro Bádenas de la Peña

Acerca de lo que creo ser

Creo que soy anónima… una desconocida. Me gusta tener un perfil bajo, porque entiendo que lo que hago debe hacerse por su justa causa y no para beneficio o reconocimiento personal. Aunque el anonimato a veces no me permite la identificación con mi nombre, con lo que soy, con el trabajo que realizo o mucho menos con la construcción de pertenencia.

A veces me digo que soy fea. ¿Qué es lo feo? ¿O qué es lo bello? Mi vivencia de lo bello de momento oscila entre la frustración de no obedecer a ciertos parámetros establecidos social y culturalmente acerca de lo que es bello… y la claridad que me adviene de a momentos en los que me siento única e irrepetible… y bella.

En oposición a eso, creo que tengo la habilidad para ver y sentir la belleza en los otros. Aún y a pesar de ellos mismos.

Creo y siento que mis pensamientos son pobres, que podrían ser más ricos y profundos si pusiera mayor empeño en ellos. Pero luego recuerdo lo artesana que me he vuelto en tramas de reflexiones que advienen en escritos… y que pueden llegar a otros. Que esta trama surge de la sensibilidad, de la posibilidad y del proceso mismo de construcción de reflexiones, que por cierto, son inacabados por definición. Creo.

Creo ser aburrida… poco interesante. Hablo menos de lo que escucho… tal vez porque para hablar de algo debo saber bien lo que digo. No tengo dominio vasto de gran cantidad de temas, sólo algunos pocos que con el tiempo se han convertido en mis favoritos y en los que puedo desarrollar una idea o reflexión, si es requerida por otros, o por mí.

Creo que la personalidad, la profesión y algunas experiencias me han enseñado a escuchar. Y creo que puedo hacerlo con disposición humana y de aceptación… no incondicional, pero sí con cordial disidencia. Arrojarme a la experiencia cognitiva y emotiva de escuchar a otro puede ser un reto que asumo con frecuencia.

Creo ser pesimista… me desanimo con facilidad y sucumbo a la fragilidad y debilidad de espíritu con cierta frecuencia, cuando surgen obstáculos. Sin embargo, no me dejo caer profundo… me levanto… y muy rápido… para volverlo a intentar.

Creo requerir constantemente la aprobación de los demás, y que me he vuelto muy sensible a poder lograrlo en los ámbitos en los cuales me toca estar. Siento que a veces me reprocho esta necesidad de confirmación de otros, aunque luego recuerdo que debo ser benevolente conmigo misma y reconocer que aún estoy en proceso de aprobación y aceptarme yo misma.

Por último… y no menos importante… creo que me es bien difícil ser hija de mi madre… pero siento que amo ser madre de mi hija. Y que esto que soy, o que creo ser, es la resultante de un largo camino recorrido, con disposición humana a hacerlo un poco mejor cada día. Que así sea.

Desiderata 1693

Así se titula este escrito que encontré en un viejo y descolorido cuadro de una sala de espera… desconozco quién lo escribió… pero es digno de releer de vez en cuando…

Anda plácidamente entre el ruido y la prisa y recuerda que paz puede haber en el silencio. Vive en buenos términos con todas las personas todo lo que puedas sin rendirte. Di tu verdad tranquila y claramente; escucha a los demás, incluso al aburrido y al ignorante: ellos también tienen su historia. Evita las personas ruidosas y agresivas, sin vejaciones al espíritu. Si te comparas con otros, puedes volverte vanidoso y amargo, porque siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú. Disfruta de tus logros así como de tus planes. Mantén el interés en tu propia carrera aunque sea humilde: es una verdadera posesión en las cambiantes fortunas del tiempo. Usa la precaución en tus negocios porque el mundo está lleno de trampas. Pero no por eso te ciegues a la virtud que pueda existir; mucha gente lucha por altos ideales, y en todas partes la vida está llena de heroísmo. Sé tú mismo. Especialmente no finjas afectos. Tampoco seas cínico respecto del amor, porque frente a toda aridez y desencanto el amor es perenne como la hierba. Recoge mansamente el consejo de los años, renunciando graciosamente a las cosas de la juventud. Nutre tu fuerza espiritual para que te proteja en la desgracia repentina. Pero no te angusties con fantasías. Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad. Junto con una sana disciplina sé amable contigo mismo. Tú eres una criatura del universo, no menos que los árboles y las estrellas: tú tienes derecho a estar aquí. Y te resulte evidente o no, sin duda el universo se desenvuelve como debe. Por lo tanto, mantente en paz con Dios, de cualquier modo que lo concibas y cualesquiera sean tus trabajos y aspiraciones, mantén en la ruidosa confusión paz con tu alma. Con todas sus farsas, trabajos y sueños rotos, éste sigue siedo un mundo hermoso. Ten cuidado. Esfuérzate en ser feliz.

Iglesia de Saint Paul. Baltimore

La Gran Madre

Virgen del Valle

Este escrito es de los más movilizantes… de hecho tiene varios años y sigue en proceso de cambio, transformación y elaboración. Dado a que este blog es una bitácora personal de consulta sobre mis propias reflexiones, decidí publicar parte de este escrito que amo releer. Por la Gran Madre.

Existen algunos autores que afirman que como especie compartimos un cúmulo de contenidos no asequibles por nuestras conciencias pero determinantes para nuestro ser en este mundo. Semejante afirmación me deja maravillada, sobre todo cuando empiezo a prestar atención a sus manifestaciones. A esto le llamaron “Inconciente colectivo”, y está conformado por “arquetipos”, que son ni más ni menos que patrones o imágenes arcaicas universales compartidas por la humanidad. Uno de estos arquetipos fundantes de nuestra especie es el de la Gran Madre. Estos arquetipos se manifiestan en nuestra experiencia conciente en forma de imágenes arquetípicas… para este escrito yo elegí una de las más presentes en mi vida cotidiana: la Virgen del Valle.

Acerca de la noción de arquetipo

Una de las cuestiones que parece importante retomar se vincula a delimitar la noción de arquetipo, y a esbozar, algunos elementos que lo componen desde esta perspectiva teórica, y que pueden ser de utilidad a la hora de generar el análisis específico.

En tanto retomar una posible definición acerca de la esencia del arquetipo, Jacobi (1983) cita a Jung en el siguiente pasaje:

Con arreglo a su definición, los arquetipos son factores y motivos que ordenan elementos psíquicos en forma de determinadas imágenes (calificables de arquetípicas), y ello de un modo que puede ser reconocido tan sólo a partir de su efecto. Existen preconcientemente y es probable que constituyan las dominantes estructurales de la psique en general (…) Como condiciones a priori, los arquetipos representan el correlato psíquico del pattern of behavior, tan familiar al biólogo, que confiere a todos los seres vivos su índole específica. Así como durante el curso de la evolución pueden modificarse las manifestaciones de este plan biológico fundamental, también se modifican los arquetipos.(…) (Pág. 37)

En tal sentido, la analogía con lo biológico, puede adentrarnos un poco en la comprensión de los arquetipos, más algunas cuestiones permanecen insondables, dada la naturaleza del concepto, y los fenómenos que aborda.

Lo que sí es relevante mencionar, es que este aporte vinculado a los contenidos del inconciente colectivo, a los símbolos que ponen a movilizarse a estas imágenes primigenias, compartidas por la humanidad, es sin lugar a dudas uno de los más fuertes aportes que en lo personal me han permitido el análisis de la temática propuesta. La vinculación entre el arquetipo de la Gran Madre y la imagen de la Virgen del Valle.

Estructura del arquetipo

Vinculado a lo anterior, y habiendo definido en el trabajo predecesor las cuestiones relacionadas a arquetipo e inconciente colectivo, iré retomando aportes que me permitan adentrarme específicamente en la estructura y conformación del arquetipo de la Gran Madre.

Para ello, retomaré algunas contribuciones de E. Neumann (2009), referente de la escuela evolutiva de la psicología analítica, y que ha realizado grandes aportes y avances en la indagación acerca de los simbolismos de lo femenino, y específicamente del arquetipo de la Gran Madre.

El mencionado autor genera una descripción del concepto de arquetipo, y lo descompone en los siguientes elementos:

Dinámica o componente emocional del arquetipo: para el autor, este componente se manifiesta en mayor medida en procesos energéticos dentro de la psique que se suceden tanto en lo inconciente como entre lo inconciente y la conciencia. “Todo estado de animo que afecte al conjunto de la personalidad es expresión de la influencia dinámica de un arquetipo, tanto si ésta es aceptada o rechazada por la conciencia de la persona, como si ella permanece inconciente o se apodera de la conciencia.”[1]

Simbolismo: este aspecto alude a la forma en que el arquetipo se torna visible en imágenes psíquicas específicas que son percibidas por la conciencia, y que variarán según cada arquetipo. Así como los diferentes aspectos del mismo (aspectos terribles y aspectos bondadosos).

Componentes materiales: para el autor, los componentes materiales aluden a los contenidos semánticos que la conciencia ha de aprehender en el arquetipo.

Estructura: estaría dada por el complejo entramado del orden psíquico que comprende todos los elementos anteriormente mencionados, y en cuyo centro se halla como unidad inaprehensible el arquetipo.

La anterior delimitación nos permite ubicarnos a los fines de generar una articulación entre la noción de arquetipo y la imagen de la Virgen del Valle. A tal fin, he decidido situarme en el simbolismo del arquetipo, más específicamente en el arquetipo de la Gran Madre, y en cómo estas imágenes vinculadas a la aparición de la Virgen, la descripción y la creencia religiosa arraigada en la región, encuentran en la representación de lo general un eco interesante para abordar.

Cuando es percibido, el contenido que opera ese influjo inconciente sale al paso de la conciencia en la figura simbólica de una imagen.” (Neumann, E. 2009: 21)

Los dos caracteres de lo femenino

El presente autor, cuando debe delimitar los componentes materiales del arquetipo, identifica en el arquetipo de la Gran Madre dos caracteres: el elemental y el transformador. Neumann (2009) afirma que en tanto representación de lo femenino y experiencia de la propia femineidad que tienen hombres y mujeres, es por medio de estos dos caracteres que uno puede generar un intento por interpretar uniformemente estas dos experiencias.

Carácter elemental: denominamos a aquel aspecto de lo femenino por el que como “Gran Círculo” o gran continente muestra éste tendencia a retener a su lado lo originado en él y abrazarlo como una substancia eterna. Todo lo nacido de él, le pertenece y es siervo suyo, e incluso cuando el individuo se ha independizado, el Gran Femenino sigue sin ver en su autonomía otra cosa que una variante insignificante del Ser sempiterno que él mismo es.

El carácter elemental de lo femenino se torna evidente en todos aquellos casos en los que el inconciente predomina y nosotros hemos de habérnoslas con una conciencia y un yo débiles y todavía rudimentarios. Esta es la razón de que el carácter elemental posea casi siempre un carácter “maternal”.

En términos funcionales, la característica más destacada del carácter elemental es el “contener”. Entre sus funciones positivas se cuentan además, las de proteger, alimentar y procurar calor. Entre las negativas, las de expulsar, arrojar. (Pág. 40)

En contraposición al carácter elemental, el carácter transformador de lo femenino es la expresión de una diferente constelación psíquica básica. En el carácter transformador el acentuado es el elemento dinámico de la psique, que contrariamente a la tendencia conservadora del carácter elemental, induce a lo existente al movimiento, al cambio, y en definitiva, a transformarse. (…)

El carácter elemental, como dominio absoluto del “Gran Círculo”, significa que al principio éste integra también el carácter transformador. Así pues, incluso en el caso de llegarse a una transformación, el carácter elemental obligará otra vez a curvarse a lo que se haya transformado o esté todavía transformándose dentro del círculo de su eterna identidad. (…)

La yuxtaposición, antagonismo y coexistencia de ambos caracteres fundamentales, así como su cambio de dominancia, pueden observarse en todos los estadios de la evolución del Gran Femenino. Sin embargo, el símbolo que constituyendo el centro del simbolismo del Gran Femenino y de sus manifestaciones siempre diversas, abraza ambos caracteres es siempre uno y el mismo. Este símbolo es el recipiente. (Pág. 39-51)

En tanto caracteres de lo femenino, y de la vivencia y experiencia que hombres y mujeres anudan a su propia femineidad, es interesante retomar la imagen de la Virgen del Valle y el siguiente relato, en consonancia con algunas de los aspectos funcionales puestos de manifiesto en el carácter elemental anteriormente descripto.

Ante sus plantas maternales y benditas se depositan insistentemente, afanes y esperanzas, en la seguridad de que cristalizarán en luminosas realidades a la súplica de su intercesión que hace obrar milagros. Si para escribir su portentosa y larga historia, tuviéramos que usar como letras los corazones de los devotos que de Ella recibieron protección y socorro, tantos serían que de seguro saldría una interminable narración.

Como Madre de Dios y de los hombres, en sus múltiples advocaciones, pasea sus plantas por el universo entero prodigando bondades. Pero con singular gracia y exquisita fineza las prodigó y las prodiga en este Valle de Catamarca, y los frutos son de vida espiritual y material lozanos y prometedores.

La serie ininterrumpida de sus portentos va ornamentando de luz y de fe los siglos que transcurren, desde que quiso entrar y vivir en nuestro Valle con el título de Madre.[2]

La mención a la imagen y el título de Madre, y las bendiciones prodigadas por la misma en términos de la protección y contención, se anudan simbólicamente en un escrito como el anterior, en donde lo elemental y lo transformador se yuxtaponen y superponen. En este pasaje podríamos aludir a lo esencialmente materno, al carácter elemental, como aquellas alusiones a las misiones de protección, socorro y contención de la Virgen a sus fieles. Ya el carácter transformador, a mi parecer, se pone de manifiesto en la función nutricia que se explicita, en términos de “frutos” para la vida espiritual, y que alude a un proceso de cambio y transformación de las plantas, en alimento.


[1] Neumann, Erich (2009). La Gran Madre. Una fenomenología de las creaciones femeninas de lo inconsciente. Traducción Rafael Fernández de Maruri. Colección: Paradigmas. Rústica. Madrid: Editorial Trotta.  Pág. 19

[2] Ponferrada, O. (1941) Loor de Nuestra Señora Virgen del Valle y otras poesías. La Mazorca. Bs. As.

Mereces lo que sueñas

El 24 de junio de 2018 hice este pequeño escrito, en una espera desesperada porque mi hija hable… el 11 de agosto de ese año mi hija dijo “mamá”… al parecer merecía que me llame por mi nombre después de todo… te amo hija. Eres más maravillosa que en mis sueños…

Dicen que uno merece lo que sueña. Entonces, merezco escuchar tu voz diciéndome lo que ves, lo que sientes, lo que quieres. Lo que te gusta y lo que no. Merezco que conectes conmigo, que me mires y te mire y que ahí nos encontremos, nos reunamos. Merezco que juguemos juntas y también que cuando estás jugando solita vengas a compartir conmigo lo que sucede en tu juego.
Merezco saber cómo calmarte cuando las sensaciones abruman y merezco poder hacerlo… y si no resulta merezco la oportunidad de volverlo a intentar… merezco conocerte casi hasta la telepatía para entender lo que estás necesitando, y lo que quieres decirme y aún no puedes. Merezco que mi empatía maternal falle y te sientas incomprendida. Merezco poder abrazarte y decirte que lo intentaré una y mil veces más, y así, hasta acertar. 
Merezco ver que a los demás adultos no les intimida que no hables. Merezco saber que harán y lo intentarán todo por entenderte, porque sé que mereces que hagan ese esfuerzo por tí.
Merezco que puedas jugar con otros niños, y que estar con ellos no te resulte amenazador. Merezco ver que esos niños te aceptan como eres. Y los adultos también.
Y porque es mi mayor sueño, merezco que algún día puedas decirme “mamá”.

En el nombre del padre

Para introducir este post, debo explicar que fue significativo este fin de semana para mi entorno cotidiano, debido a que se conmemoró el día del padre. Nos hemos reunido en familia y los hemos celebrado, hemos brindado y hemos dado gracias por ellos. Un momento muy grato y digno de compartir, inspirador y motivador de sensaciones, recuerdos, reflexiones. Como no podía ser de otra manera, la inspiración me lleva a escribir, y a recuperar un pequeño ensayo del 20 de abril del año 2010, que deseaba compartir con usted, mi anónimo lector. El mismo consiste en un ejercicio (que le recomiendo realizar) que consiste en completar la frase “Tuve un maestro que…”.

Ud. se preguntará a qué viene el tema del maestro, si estamos hablando de los padres. Pues para mí, los significantes padre y maestro se solapan, se superponen. Y creo que allí radica, para mí, la eficacia simbólica de las enseñanzas que realmente he atesorado como valiosas. Así como las personas que han ido ocupando esos lugares. Lo dejo con mi pequeño escrito.

Para iniciar este relato debo confesar que ante la frase surgen en mi memoria múltiples rostros de profesores, profesoras sobre los cuales podría escribir este relato. Es difícil quedarse con uno. Pero voy a elegir por esta vez a uno de los primeros.

… tuve un maestro que… fue mi padre.

Recuerdo que con 5 años, ante cada tormenta y al sonar los truenos, yo le decía que para mí eran “trenes gigantes chocando, a lo lejos”. Y él, con todos sus años de estudio en física, me explicó la relación entre el rayo y el trueno, y de que en realidad era el sonido del rayo calentando el aire a su alrededor y generando una contracción en el medio. Que si me fijaba bien, los rayos siempre llegaban antes que el trueno, porque la luz tiene mayor velocidad que el sonido para desplazarse y llegar a nuestros sentidos. Es increíble que hasta el día de hoy recuerde esa explicación. Creo que lo más significativo para mí de este recuerdo, y mirándolo en retrospectiva, es la capacidad que tuvo mi padre de generar en mí asombro y descubrimiento ante la posibilidad de poder dar orden y sentido a un fenómeno tan mágico e inalcanzable para una niña como lo era un trueno en una tormenta.

Feliz día papá. Te amo.

Pequeña sabia y las cosas simples

Gracias MarOmi por tu tierna imagen

Escribí estas líneas entre mayo y junio del 2016, mi hija cumplía un poco más de año y medio y yo intuía que algo no andaba bien aunque aún no tenía la certeza que tuve un mes después. En un arrebato de reivindicación de lo que ella podía hacer en ese momento, surgió este escrito que daría lugar a una serie de ellos a los que titulé “Pequeña sabia”. Me invade una nostalgia y calidez al releerlo, en recordatorio de un momento trascendental de mi vida. Agradezco estimado lector tu tiempo y disposición al leer estas líneas conmigo.

Gracias por los colores, las canciones, los juegos, las cosquillas, las burbujas que le devolviste a mis días… por las onomatopeyas de animales y por recordarme que el suelo es totalmente habitable para jugar, comer, aprender a dibujar, o simplemente sentarse… gracias por las risas y por los abrazos cuando llego a casa… por la necesidad imperiosa de salir, de estar al aire libre, aunque sea a la vereda… si no se puede hasta la plaza… por mostrarme que subir y bajar escalones también puede volverse un juego. Y que las hormigas, piedritas o plumitas del piso de la plaza son dignas de horas de contemplación. En una palabra, gracias por recordarme el valor de las cosas más simples, mi pequeña sabia. Te ama… mamá